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¿Qué es para un ecuatoriano ser austero? ¿Y gastador? ¿Cuál es la relación de los habitantes de este país hacia el dinero y el ahorro? ¿Cómo organizan sus ingresos y gastos? ¿Entienden la importancia del presupuesto? ¿Conocen las implicaciones del endeudamiento? Estas y otras preguntas fueron parte de un estudio que la Fundación Crisfe desarrolló  en el año 2013. El propósito del mismo fue conocer detalladamente los hábitos, costumbres y formas de educación financiera en el Ecuador. En particular, la investigación quiso conocer las necesidades relativas a la educación financiera en distintos segmentos de la población en un contexto en el cual las finanzas saludables, más que una obligación, se convierten en una práctica de vida. Este artículo es el primero de una serie que presentan los resultados de este estudio así como algunas hipótesis sobre los mismos.

Tecnicismos

La estrategia seguida para responder estas interrogantes fue, luego de diseñar un cuestionario apropiado, entrevistar durante una hora a distintos hogares de una muestra representativa a nivel nacional. Estratificada por regiones naturales (Costa, Sierra y Amazonía), áreas (urbana o rural) y por grupos etarios (personas desde  14 hasta 65 años). El estudio exigió una muestra de 2500 hogares e incluyó hombres y mujeres clasificados en distintas categorías como jefe de familia, ama de casa, adultos jóvenes y adolescentes mayores de 14 (con la autorización de sus padres o tutores). Adicionalmente, la muestra fue segmentada en varias categorías: hogares con hijos, hogares sin hijos, personas independientes y adolescentes.

La muestra

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Los ecuatorianos y el dinero

Uno de cada tres ecuatorianos en la muestra considera que el dinero es una necesidad para la vida seguido de considerarlo un apoyo económico. Con respecto a qué es lo que obtienen del dinero, los hogares encuestados, casi en un 30%, lo consideran como un elemento de tranquilidad y, luego, de felicidad y satisfacción. A pesar de ello, un 13% considera al dinero como una fuente de intranquilidad.

En relación a la austeridad y el despilfarro, los resultados son  sugestivos. Los hogares consultados se consideran a sí mismos (en un 79%) como austeros pero al evaluar a sus conciudadanos, ésta apreciación cae al 27%. Lo mismo ocurre cuando son consultados sobre la habilidad de priorizar el uso del dinero. En este sentido, casa adentro, los hogares consultados pueden colocar prioridades sobre su dinero en un 79%; proporción que cae al 43% cuando se les pide evaluar el comportamiento de los ecuatorianos en general.

Ya dentro del hogar, los roles de gastador y austero quedan claramente definidos. Para los entrevistados, un 65% identifica al padre en el rol de austero mientras que para un 32%  la madre es la gastadora. En una categoría especial, la de “novelero”, el 45% de la muestra considera que ninguno en el hogar lo es ya que los recursos son escasos pero uno de cada cuatro colocaría en ese rol al hijo mayor. En forma general, cuando se le pidió a los participantes que caracterizaran a la persona austera esta sería una mujer adulta joven con habilidades de organización y cumplida. La persona austera es, para los participantes en el estudio, seria y conservadora. El gastador es caracterizado por la mayoría de los participantes como un hombre, menor a 25 años y que trabaja. A diferencia de la austera, este personaje es incumplido y desorganizado pero es alegre y siempre está a la moda.

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Ingresos: origen y destino

La mayor parte de participantes en el estudio (73%) obtienen sus ingresos principalmente de sueldos y salarios. Casi uno de cada cinco menciona el negocio propio como la fuente de ingresos y tan solo el 5% indica que la fuente son los subsidios, los intereses y las remesas.

De la muestra se deprende que un 58% tiene ingresos mensuales menores a $500 (considerados en el estudio como nivel bajo a muy bajo). Un 38% de la muestra pertenece al nivel medio (bajo, típico o ascendente) con ingresos ente $500 hasta $2.000. En el nivel alto se ubica un 4% de los participantes en el estudio con ingresos por encima de $2.000.

A momento de responder sobre el destino de los ingresos, más de la mitad (51%) menciona al rubro de alimentos mientras que sobre una quinta parte señala a los servicios básicos (11%) y a la vivienda (10%) como fin de los ingresos. Se destaca aquí que la mayor parte de compras se realizan en efectivo y tan solo un 4% con tarjeta de crédito o débito. Confrontados con la pregunta sobre los deseos (como una aspiración, gráfico 3 ) de tienen los hogares acerca del destino del gasto, las respuestas se modifican y apuntan hacia servicios que mejoran la calidad de vida de las personas. En este sentido, si bien los alimentos (38%) seguirían siendo el principal destino del gasto, la educación (13%) y la salud (11%) ocupan el segundo y tercer lugar respectivamente. Solo un 32% de los hogares reconoce al ahorro como prioridad y actividad explicita mientras que un amplio 48% considera al ahorro como un producto residual del proceso de gasto confrontado a los ingresos. Un 20% de los hogares simplemente no ahorra ya que los ingresos se destinan absolutamente a las necesidades diarias.

En cuanto a los ingresos no contemplados o extra, su destino es claramente la alimentación  con un 29% y la educación se convierte en el segundo uso más frecuente de este  tipo de recursos. Los hogares identifican manifiestamente a comer fuera de casa, la ropa y el maquillaje, perfumes o cremas como un gasto innecesario. Estos tres rubros combinados abarcan 68% de los posibles usos del ingreso en gastos innecesarios. Llama la atención que los participantes del estudio ubican en un cuarto posible gasto innecesario a las actividades de ocio como el cine, el baile, los conciertos o la visita a bares.

Consumidores bipolares e influenciables (gráfico 4)

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El estudio exploró los factores psicosociales asociados al consumo de bienes y servicios en los hogares ecuatorianos. Al momento de comprar, los entrevistados declaran haber sentido felicidad (60%) y placer (22%). Un 7% se siente poderoso al realizar la compra. Sin embargo, esto se diluye ex post. El bienestar que produce la adquisición de bienes deja lugar a la culpa (36%) (gráfico 4), a la preocupación por no saber cómo pagará la misma (23%), a la angustia (17%) e incluso a la frustración. Casi el 60% de los hogares participantes consideran que la publicidad influye en la decisión de artículos innecesarios.

Quizás esta colisión de factores opuestos en lo referente al consumo responde al descalce real que existe entre los hogares del estudio al revelar que el 56% ha tenido que usar recursos en un mes determinado que excedían los ingresos en ese mismo periodo. Para enfrentar este déficit, los hogares tienden a recortar los gastos característicos del periodo (31%) y un 26% recurre a familiares, amigos o conocidos como financiadores de la diferencia. Un 17% acude al ahorro previamente generado y un 9% menciona a las horas de trabajo extra como alternativa para cerrar la brecha entre ingresos y gastos. Aunque no es una mayoría, conjeturando acerca de los motivos del descalce entre ingresos y gastos, el 43% reporta haber sufrido una reducción en sus ingresos durante el año previo a la encuesta siendo la perdida de trabajo a causa de un accidente o una discapacidad (31%)  la principal razón. Un 26% asocia la reducción de ingreso con la perdida de trabajo por reducción del personal en su lugar de empleo o despido.

En un próximo artículo, se revisan las actitudes de los ecuatorianos hacia el ahorro, el concepto de presupuesto y el endeudamiento a la luz de los hábitos y los problemas financiero.

 

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